الأحد، 24 أكتوبر، 2010

Alfil, el elefante

alfil, siglo XV

El árabe proporcionó una gran masa de vocabulario al castellano, la más importante después del latín. Pero su papel no se limitó a aportar su propio léxico patrimonial, sino que también sirvió de vehículo para conceptos y formas lingüísticas procedentes de otras culturas y lenguas con las que entró en contacto.
Este es el caso de alfil, que procede del árabe al ‘el’ y fīl ‘elefante’, tomado a su vez del persa pīl ‘elefante’, porque en el primitivo juego del ajedrez esta pieza era representada por dicho animal. En la imagen se puede ver un alfil del siglo XV con dos puntas en las que aún se pueden reconocer los colmillos. La hendidura del alfil moderno es un vestigio de esta antigua forma.
Como es sabido, el ajedrez se originó en la India. Desde allí se difunde a los países vecinos, incluida Persia, donde lo encontrarán los árabes, que lo llevarán hasta el Magreb y Al-Andalus. Al traer el juego también trajeron consigo las palabras para nombrar a las piezas. Nada más lógico.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, ¿De dónde viene la palabra 'alfil'?]






Elefantes, torres y alfiles
Alfiles - Piezas en marfil, Italia, fin del siglo XI
En la obra de Borges existen diversas referencias sobre el ajedrez. En alguna oportunidad todos nosotros hemos leído los difundidos sonetos que le son consagrados en la heterogénea colección El hacedor y en más de una ocasión nos hemos encontrado con una mención dispersa en sus textos, pero, por lo que sabemos, para el autor de Ficciones nuestro juego no era más que un motivo estético, lejos de ser ámbito de práctica ludrica. El que su amigo Xul Solar dedicara algo de su tiempo a la creación constante del panjuego, basándose para ello en el ajedrez, debe haber sido una distinción importante para que el protegido de Caissa lograse ser un invitado recurrente a la fiesta borgeana. El prestigio intelectual, la historia que va a caballo de la historia del hombre y de la cultura, las formas y mutaciones de las piezas y sus nombres, pueden haber cautivado tempranamente la imaginación de nuestro autor. Sobre esto último vamos a hablar, aunque más no sea para destacar un fragmento de su obra.
Entre los meses de junio y julio de 1977, Borges dictó una serie de conferencias en el Teatro Coliseo de Buenos Aires sobre varios temas, cada uno de ellos infinito y a gusto del escritor. Estas charlas fueron reunidas por Roy Bartholomew y editadas en un volumen con el literario nombre de Siete Noches. Nos vamos a detener en la tercera, Las mil y una noches, donde desde la frase inicial nos declara que: "Un acontecimiento capital de la historia de las naciones occidentales es el descubrimiento del Oriente", esta afirmación da pie a la enumeración de momentos o hechos fundamentales de ese contacto. Entre ellos están las campañas de Alejandro el Magno, la leyenda que habla del vagar y las distintas idéntidades por las que pasa el conquistador, está Virgilio "palpando una seda estampada, de un país remoto", la Historia Naturalis de Plinio, el verso de Juvenal: "Ultra Aurora et Ganges", y está el regalo que Harun al-Raschid, Aarón el Ortodoxo, ofrece a Carlomagno:
"Le envían un elefante y esa palabra, "elefante", nos recuerda que Roland hace sonar el "olifán", la trompeta de marfil que se llamó así, precisamente, porque procede del colmillo del elefante. Y ya que estamos hablando de etimologías, recordemos que la palabra española "alfil" significa "el elefante" en árabe y tiene el mismo origen que "marfil". En piezas de ajedrez orientales yo he visto un elefante con un castillo y un hombrecito. Esa pieza no era la torre, como podría pensarse por el castillo, sino el alfil, el elefante."
En la Enciclopedia de Ajedrez, editada por Harry Golombek, en el artículo dedicado al alfil se aclara que en el antiguo chaturanga las piezas eran las cuatro armas de la guerra y que el elefante era el predecesor de nuestro moderno alfil, pasando su nombre de Pil a Fil o Al-fil, en su viaje de la India al mundo árabe, a través de Persia. En castellano, por directa influencia de la conquista musulmana y gracias a ella, se ha conservado el nombre, teniendo en otras lenguas latinas un leve cambio: Alfiere, en italiano, y Aufin, en francés. Más tarde, en este idioma se transforma en Fou, el loco, el bufón. En ruso, por otra parte, se mantiene la raíz mientras que en los países germánicos el sentido que se privilegia, lo que se ve en él, es su capacidad para atravesar con celeridad el tablero. Se lo denomina Läufer en idioma alemán y Looper en holandés. Otra mutación se realiza en el orbe anglosajón, tal vez por mediación de la fuerza vikinga; al original Pil se lo llamará Bishop, la mano derecha del rey y dignatario de la iglesia. La torre, la pieza que -como bien señala Borges- puede ser tomada por el elefante indio, remite al carro de guerra, a la cuadriga, a la ratha en su origen, rukh en Persia y para los árabes, modificándose para su comprensión al penetrar en Europa, transformándose en: Roc, Roche, Roque y Rook. En tiempos medievales de las Cruzadas, época de castillos y asedios, se divulga en las principales lenguas europeas: tour, Turm y torre. En ruso es ladia, antigua embarcación de guerra.
Alfiles escandinavos
Siglo XII
Siglo XIII
Silva varia es el constante entrecruzamiento del ajedrez con las más diversas ocupaciones, productos y expresiones del hombre. Siempre tendremos algo nuevo que decir, algo habrá para agregar; ésa es la suerte y parece ser la esencia del atractivo que el juego de los treinta y dos piezas y peones, sobre el tablero de infinitas noches y días, tiene sobre nosotros.
Para comunicarse con el autor: alvarezcastilloh@yahoo.com.ar

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